Desobediencias y resistencias

Marina Abramović , Teresa Correa, Itziar Okariz, Regina José Galindo, Matt Mullican, Shirin Neshat, Jürgen Klauke y Sigalit Landau

Comisario: Adonay Bermúdez

Del 11 de junio al 29 de agosto de 2021

Inauguración, viernes 11 de junio a les 19h

Bòlit_LaRambla, Bòlit_StNicolau y Bòlit_PouRodó

 
 

Cada institución en la actualidad se basa en la violencia; nuestro medio social está saturado de ella. En tanto exista tal estado de las cosas, tendremos las mismas posibilidades de parar las cataratas del Niágara que de acabar con la violencia.[1]

 

Tras un siglo XX de violencia materializada en conflictos y revoluciones, nos adentramos en un siglo XXI que se retuerce hasta el paroxismo provocado, en parte, por una globalización extrema. Las generaciones nacidas en las dos últimas décadas están creciendo rodeadas de una carga violenta mayor que la que recibieron sus predecesores -económica, laboral, institucional, cultural...-. Por ello, no es de extrañar que frente al predominio de manifestaciones y concentraciones pacíficas de rechazo total a la violencia de finales del siglo XX, ahora se recuperen cuestionamientos clásicos a dichos modelos, apoyando el uso de la violencia -con diferentes variantes del propio concepto- para denunciar la propia violencia.

 

Desobediencias y resistencias propone bucear en los lares de la pseudo-violencia controlada y en pequeñas dosis como respuesta a una violencia social permanente. Es decir, el empleo de ciertas acciones que pueden interpretarse como violentas y que actúan contra la violencia supuestamente legitimada, entendida como fuerza institucionalizada, que la población ha aceptado a perpetuidad y que están vinculadas a la crítica y al desahogo y no tanto a la venganza. Pero, ¿qué significa pseudo-violencia? Son acciones que la sociedad asume como violentas porque se escapan de su abanico de movimientos correctos -tengamos en cuenta todos los siglos de autocastración- y, por tanto, las cataloga como tal. Pero, ¿realmente lo son?

 

Orinar, contar monedas, respirar, jugar al hulahop, subirse a un toro mecánico, pintar, sentarse en una silla o cantar. ¿Qué tienen de extraordinario estas acciones tan cotidianas e, incluso, triviales? En el momento en el que se presiona una pequeña tecla y se alteran ligeramente estos movimientos la concepción cambia completamente, perturba al espectador y éste lo traduce como violencia -en diferentes grados y según las características de la persona: edad, género, cultura, historia o religión, entre una multitud de parámetros posibles. Sutiles modificaciones que provocan un cambio de interpretación: es una mujer orinando de pie, es contar monedas e introducirlas en un cráneo, es respirar abrazada a un esqueleto, es jugar al hulahop con espinas que hieren el cuerpo, es subirse a un toro mecánico durante una hora y acabar destrozada, es pintar de manera agresiva mientras se está hipnotizado, es sentarse en una silla tras recibir una orden o es cantar y acto seguido empuñar un arma de fuego.

 

Cuando el concepto de deber desaparece, el ser humano es libre y desobediente frente a un sistema represor. En el momento en el que se suprime una acción robótica, nacida y alimentada desde un sistema heteropatriarcal, así sea con un acto aparentemente -y definido socialmente como- banal, el sujeto abandona su origen etimológico -de sujetar- y se convierte en individuo, descripción que lo convierte en persona libre.

 

No ceder un asiento en el autobús a un joven por el hecho de ser blanco (EEUU, 1955); quitarse el chador delante del mismísimo ayatolá (Irán, 1979); quedarse quieto delante de una marcha de tanques (China, 1989); ser negra, levantar el puño y plantarse en medio de una marcha con trescientos neonazis (Suecia, 2016). Pero, además, orinar, contar monedas, respirar, jugar al hulahop, subirse a un toro mecánico, pintar, sentarse en una silla y cantar. Los pequeños gestos son los que cambian el rumbo de la historia, por utópicos que puedan resultar.

 

El proyecto Desobediencias y resistencias fue uno de los ganadores del Concurso de Proyectos Culturales Gran Canaria Espacio Digital - Cabildo de Gran Canaria 2020, donde se vió entre enero y marzo de este año. Después passó por el Centro Párraga de Murcia y ahora llega a Bòlit, antes de acabar su recorrido en el Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque de Madrid (septiembre 2021). Así mismo, cuenta con la colaboración en préstamo de obra de la Colección CA2M de Madrid, la Colección Fundación Otazu y la Colección TEA Tenerife Espacio de las Artes.    


[1] GOLDMAN, Emma: La palabra como arma. Tierra de fuego-La Malatesta Editorial. Islas Canarias-Madrid, 2008, pp. 220-221.

 
 

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