Res és meu

Enric Farrés Duran

Comisariada por Cèlia del Diego

Del 27 de enero al 23 de abril de 2018

Inauguración, sábado 27 de enero a las 12h en Bòlit_StNicolau

Bòlit i Bòlit_StNicolau

 
 

Me parece un ejercicio curioso el de mirar de un modo distinto. Por ejemplo, si dispones unas mesas de trabajo en posición vertical, estas pasan a ser cuadros (Quadre per ser vist, Jordi), sensación que se refuerza si las ubicas en un escaparate que puedes observar sentado en un banco. Desde que hablo con Enric sobre este texto, me paso los días dirigiendo mi atención a elementos que antes eran paisaje y hábito, elementos que eran «míos» y que ya no lo son, que ya no me pertenecen, que se alejan y generan en mí una nueva conciencia. Los respeto por lo que son, entes autónomos y subjetivados. Como las ideas, como la autoría. De todos y de nadie. Suyos. Me levanto un día pensando en el momento de mirar por el ojo de la cerradura. Aquella sensación, aquella distancia. Aquella observación que se torna fisgona, siempre alerta.

 

Enric Farrés Duran concibe las exposiciones como una totalidad, y así es como hay que intentar entenderlas. Sus fuentes son intensas y se ramifican, así como también las distintas capas de interpretación. Siguen a estas líneas algunos elementos para dar entrada a su obra, para mirar desde un modo de estar y de ver.

 

La bossa nova -y antes de esta, la samba- se podría clasificar como aquel tipo de música con la que los nacidos en los años ochenta nos podemos imaginar más fácilmente a una generación anterior a la nuestra que fue insultantemente más sensual, divertida y viva. Tal vez no sea equiparable a según qué tipo de rock and roll o funk. Es igual; me interesa capturar este momento de melancolía, de carne firme y cuerpos vibrantes que ya no lo son. Cuerpos de otros que nos hubiera gustado habitar, momentos que están en nuestro interior a pesar de que no los hayamos vivido.  

 

Intrusa melancolía, como cuando, además, la admiración va más allá del aspecto intelectual y, desde una perspectiva fetichista, visitamos su casa. En el caso de la arquitecta Lina Bo Bardi funciona a la perfección, ya que Casa do Vidro es, en teoría, una propuesta más de su trabajo. La visitamos para verla, pero también para estar en ella por un instante, tocar sus objetos, habitar sus espacios. 

 

Hay un aire brasileño en mucho de lo que veremos (o no, porque los detalles se nos pueden pasar por alto si no prestamos la debida atención) en esta exposición con dos espacios y múltiples rincones. Brasil está presente en la bossa nova de mi recuerdo no vivido y en la samba que canta Elza Soares junto con Roberto Ribeiro 1 al final de Res és meu (la obra de teatro grabada en vídeo que podemos ver en el espacio del Pou Rodó).

 

Brasil en el homenaje a la arquitecta Lina Bo Bardi, de la que Farrés Duran incorpora a Bolit_StNicolau sus famosos displays, diseñados para el Museo de Arte de São Paulo (MASP), un soporte expositivo revolucionario, ya que activa, mediante un pie de hormigón y una estructura de vidrio, la transformación de las piezas expuestas, que pasan de imagen a objeto, observable desde un mayor número de ángulos (el soporte de vidrio no solo permite ver el reverso de los cuadros, sino también circular en torno a ellos). Además, desde un punto de vista arquitectónico, estas peanas consiguen liberar los muros, que pasan a poder incorporar ventanas y, por lo tanto, luz natural. Permiten, también, superar la linealidad de la pared, que definía hasta entonces tanto el recorrido en el espacio como la visualización de las pinturas. 

 

 
 

Paredes que vuelven a ser claves, como ya lo fueron en Una exposició de mirar (La Panera, Lleida), precedente de Res és meu, Bòlit, Girona y que son atravesadas para conectar dentro y fuera, permitiendo en este caso espiar desde el interior. Paredes que nos conducen a mirar como si lo hiciéramos a través de aquel orifico en la pared -con aquella distancia-; paredes a las que es necesario trepar para poder ver (Lavabo, de Torres Monsó); o paredes y su ausencia (Objecte ficció #un display discapacitat), especialmente notoria en Bòlit_StNicolau. 

 

Brasil en el cartel de la exposición, con una gráfica -otro de los intereses de Enric Farrés Duran- que rememora el cartel de la primera Bienal de São Paulo (1951), obra de Antônio Maluf, artista y diseñador concretista que buscó en más de una ocasión las relaciones con la arquitectura, y también Brasil en el título de la muestra, Res és meu, que sin pretenderlo -o sí; con Enric esto nunca es tan sencillo- remite al Manifesto Antropófago de Oswald de Andrade, que el poeta escribe en 1928 y que identifica el «canibalismo» cultural como principal rasgo de identidad de la cultura en Brasil. Cabe mencionar, por cierto, que este manifiesto será considerado el inspirador del modernismo brasileño -movimiento emancipador de carácter poético, arquitectónico, visual y político- y antecedente de los movimientos contra el poscolonialismo europeo. 

 

Autoría caníbal pensando en que Farrés Duran «engulle» del mismo modo tanto el banco de Meier como las peanas de Bo Bardi; un manuscrito de Pla o parte de las colecciones del Museo de Arte de Girona; el expresionismo abstracto (e involuntario) de unos alumnos de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona como un Calder que no está presente (Res és meu). Todo es prestado, como la fotografía El Cul, de autor desconocido, que el artista encuentra en un rastro de Valencia. Todo ingerido. Nada es lo único que pertenece a Enric Farrés Duran, ese espacio de vacío que él ofrece, ese universo de juego e intriga entre lo que se mira y lo que se ve, lo que se sabe y lo que se imagina, lo que está del derecho y lo que está del revés, lo que es de alguien y lo que no es de nadie. 

 

Autoría y su ocultación en Biblioteca sense títols, donde se giran los libros para borrar su título, su marca, su rastro, su nombre, y donde también, como reverso, se muestra la recopilación de las publicaciones de Enric Farrés Duran a lo largo de su trayectoria (Publicacions especials i llibres d'artista). Autoría que trastoca al estilo de John Berger, hablando de formas de mirar, mostrando un reverso (Colecciones de los Museuos de Girona) que, por otra parte, como en el display de Bo Bardi, es capaz de enseñar, cuestionando los mecanismos por los que una cosa es. Huella, marca, archivo. Rastro, registro, memoria. Memoria de lo que no hemos vivido. Memoria de esta nada tan nuestra. 

 

Montaje. En la obra de teatro, montaje escénico, que va de otro montaje expositivo, que es la pieza que también da nombre a Res és meu, que se desarrolla en Bòlit_StNicolau durante el montaje de la exposición, y que se estructura en un display evolutivo que se va configurando, se va montando, para observar paso a paso cada elemento de este todo. Montaje teatral con un público dispuesto en dos filas de sillas mirándose cara a cara, con un espacio con nada en medio, únicamente iluminado por los focos de la escena, que intensifican el vacío antes de que empiece todo. Nada es suyo, nos dice Enric Farrés Duran. Montaje como estructura, como propuesta en crudo, como aquello que normalmente no se ve y que en el momento de mirarlo cobra identidad. Montaje espacial que, por cierto, rinde homenaje, una vez más, al trabajo de Lina Bo Bardi y su Teatro Oficina construido en São Paulo, Brasil. 

 

Montaje y juego, ficción y legado. En Res és meu todo es muy suyo. 

 

Marina Vives, enero de 2018

 

1 «Swing Negrão» (Elza Soares), «Brasil Pandeiro» (Assis Valente), «O Samba Agora Vai» (Pedro Caetano), «É Com Esse Que Eu Vou» (Pedro Caetano), del álbum Sangue, Suor e Raça (1972).

 

*Imagen: Fragmento de Quadre per ser vist 2017. Instalación en el Centre d'Art La Panera. Fotografía: Pau Ardid.    

 

 
 

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