¡Bienvenidos a la plaza!

Bòlit Mentor 2018/2019

Contorns: Ariadna Serrano y Maria Bosch; Marta Rosell Chust y Roc Domingo Puig; Anna Vilamú y Albert Gironès

Comisario: Rafel G. Riera

Del 3 de mayo al 2 de junio de 2019

Inauguración, viernes 3 de mayo a las 19h

Bòlit_PouRodó

 
 

En varias entrevistas hechas a Dora Garcia, he leído que afirmar que se considera una aficionada del psicoanálisis. Que lo lee como si fuera ficción y que lo hace por divertimento, a pesar de estar en la base de muchos de sus trabajos artísticos. Este rechazo de la consideración de experta, lo celebro y me lo apropio. Me tranquiliza a la hora de enfrentarme a este reto. Ahora solo espero divertirme y que vosotros también lo hagáis.

 

Notas al margen

 

Según el auditor Clarke Hayden, personaje secundario de la serie The Good Wife, la información importante en la documentación contractual, la encontraremos en las notas a pie de página. En mi caso, para evitar cualquier vínculo con LA VERDAD, serán notas al margen: un compendio de reflexiones intermitentes y sin continuidad.

 

¡Bienvenidos a la plaza!

 

Una plaza con una construcción en el medio. Una construcción resistente pero de contornos redondeados y colores brillantes con un agujero, una pasarela de cuerdas, una torre y un tobogán, todo dispuesto sobre un suelo blando de forma casi circular que cubre una superficie aproximada de ocho por ocho metros. Fibra, plástico y aluminio. Amarillos, azules y violetas para niñas y niños a partir de un año. Un espacio de juego que invita a la comedia y al drama. La sonrisa, el grito y el llanto, no obstante, pueden convertir el espacio amable en una molestia.  Nada es del gusto de todos. ¿La finalidad? Quizá evitar la ocupación indiscriminada de mesas y sillas de los restaurante-bar-cafetería de la plaza, y reducir su número a ocho mesas y treinta y dos sillas buscando un cierto equilibrio de uso. ¿Quién toma las decisiones y por qué razón?  Alguien lo tiene que hacer, y en principio mejor alguien que no tenga otro interés que no sea la mejora del espacio público entendido como bien común de los vecinos, es decir, de los que allí viven, conviven y pagan los impuestos - piensan ellos, los vecinos, claro.  


¡Bienvenidos a la plaza! Comenzó en esta plaza, la del Pou Rodó donde se ubican las oficinas y una de las salas de exposición de Bòlit, el Centro de Arte que me ha invitado a dirigir el proyecto Bòlit Mentor y comisariar la exposición que de él se deriva. Cuando se formalizó el encargo el parque infantil estaba cerrado mediante unas cintas que, sin impedir del todo el paso, señalaban su prohibición de uso. Este segundo gesto (el primero fue montar el parque), por contexto, justo delante de la sala de exposiciones del Centro de Art, convertía el parque en escultura, y sumaba una capa de tono irónico a la intervención. Y a la pregunta del porqué de todo ello, la respuesta fue que no acudían niños, a Pou Rodó, que no viven familias jóvenes con criaturas pequeñas en las viviendas que dan a la plaza, y que su posible uso por parte de niños de las calles cercanas puede molestar a los actuales inquilinos, promotores del intento de desmantelamiento de la instalación.
El uso del espacio público es conflictivo. Y desde la educación y el arte podemos hacer política preguntándonos como debe ser este uso. Ayudando a construir desde de la inteligencia, pero también la generosidad, un espacio público para todos. 

 

¡Bienvenidos a la plaza! proponía a un grupo de licenciados que pusieran a pensar a un grupo de estudiantes de ESO qué seria mejorable de los espacios que utilizan y como. En dos de los institutos, los intrusos, como los denimona Jordi Mitjà, plantearon el mismo instituto como un primer espacio de uso compartido. En el tercero sí que se salió al exterior, y la conclusión, por lo pronto, ha sido curiosa.

 
 

Sobre el éxito y el fracaso

A menudo es una conclusión subjetiva. El dicho popular que visualiza la posibilidad de discrepancia, ver el vaso medio vacío o medio lleno, señala un consenso universal que nos obliga a ir caso por caso. El que nos ocupa: la convocatoria Bòlit Mentor. Por ella misma, la propuesta es de celebrar. pero, ¿qué propone exactamente y qué implica? Una cantidad de dinero público destinada al aprendizaje/conocimiento, y por tanto, al pensamiento. Quizá es demasiado genérico, ¿no os parece? Miremos las bases:

Bòlit_Mentor es un proyecto que combina educación y creatividad (y que) consiste en introducir artistas visuales en los centros de educación secundaria para desarrollar un proyecto creativo juntamente con los estudiantes (...) dirigido por un curador de artes visuales (...) Los institutos participan poniendo a disposición sus instalaciones, mientras que los artistas reciben soporte financiero, de forma que puedan dedicarse al proyecto, que bajo la supervisión de un comisario, culminará en una exposición con un seguido de actividades complementarias.  

Para la gente de la cultura vinculada al arte contemporáneo, la propuesta es celebrada y por tanto considerada como un éxito porque interviene en un sector precario. Por un lado, pone en funcionamiento la maquinaria institucional y por lo tanto justifica unos sueldos, y por otro lado, artistas jóvenes tienen la posibilidad de desarrollar un proyecto personal y recibir unos honorarios por la tarea, de la misma manera que el comisario... Pero un momento, ¿a quien va dirigido este texto? ¿Quién se lo leerá, si es que alguien se lo lee? Quien lo haga ya lo sabe todo esto, y por tanto, repetirlo aborrece. A mi, sin ir más lejos, me aburre... Aburrimiento = fracaso *

*Para una lectura más encertada sobre la relación entre arte y educación, recomiendo el texto escrito por Jordi Mitjà; Picar a la porta, entrar, sortir para el Bòlit Mentor 2015/2016.

 

Sobre la provisionalidad

En la presentación del ensayo sobre LA FANTASIA, Bruno Munari habla de la necesidad de conceptualizar aquellas facultades humanas vinculadas a la creatividad aun que sean de forma provisional. Y en algún lugar recuerdo que he leído que sólo la muerte no es provisional. Y seguidamente intento recordar como era yo a los quince, dieciséis y diecisiete años, y como vivía la obligación de ir a la escuela. Era del grupo de setiembre, de los veranos en Olot siguiendo yendo a clase (ir a "confe" le decíamos, abreviación de ir a conferencia, una estraña manera de denominar las clases de recuperación. En aquella época podías recuperar las asignaturas suspendidas al volver de las vacaciones de verano). Un mal estudiante y sufridor. Una combinación que sumada a la timidez y acné no me genera ningún tipo de melancolía de una época que pasé a duras y penas y pocas glorias hasta llegar a la universidad. Des de entonces, tengo la sensación que lagunas cosas han cambiado pero no la necesidad de muchos alumnos de pasar una etapa de su vida que viven con más resignación que felicidad.

 
 

Entender el instituto como un espacio público.

 

El patio no es una plaza y los pasillos no son calles, pero podemos entender este espacio interior, cerrado, de acceso restringido, controlado. ¿como un reflejo del espacio público exterior? Como una matriosca  cambian las dimensiones, pero la relación entre derechos y deberes, ¿es en general coincidente? Independientemente de las finalidades competenciales, desde el despacho donde se planifica nuestro futuro o se gestiona el día a día , el aula se ve como un lugar que nos prepara para estar en la calle, es decir, para enfrentarnos al mundo de manera exitosa, ordenada y conciliadora. Cuando esto no sucede, es un fracaso del sistema. ¿Pero lo ven así, sus usuarios? Si nos remitimos a algunos de sus escritos, pancartas o respuestas, el NO es rotundo. La sensación de libertad esta tocada, malograda, perjudicada.

 

El orden de las cosas

El orden, tan necesario para el buen funcionamiento de las cosas, y con este "cosas" genérico, me refiero a los diferentes mecanismos que estructuran el día a día, desde una estantería a un aeropuerto, una concepción del orden que a pesar de ser la misma, cuanto más complejo es el mecanismo, más alejado está de nuestro control y a menudo, también, de nuestra comprensión. Esta sensación de fractura va paralela al crecimiento como individuos y a menudo a la resignación. Aprender a pensar nos permite enfrentarnos a esta fractura de una manera diferente, en todo caso, nos permite entender que hay otras maneras. Creo que la virtud de las propuestas como Bòlit Mentor permiten, a pesar de la posibilidad del fracaso, precisamente esto, aprender a pensar de otra manera.

 

Pensar de otra manera no parece fácil, actuar de manera individual, tampoco.

Coger el coche, la pancarta y plantar el exabrupto en la plaza. Generar una reacción y documentarla, y mostrar otra posibilidad. La repercusión ya se ha dado, todo y que mínima, en un sentido global nada ha cambiado; en un sentido individual creo que ha cambiado todo, quizás de una manera momentánea, efímera, pero inevitablemente ha dejado un rastro. Se ha roto con una dinámica tóxica, de malestar latente, con una celebración energética que dibuja una sonrisa en la cara, un bienestar corporal inolvidable y sin resaca.Quizas el protagonista no estaría de acuerdo con las consecuencias de la acción,  pero para mi, esta historia da sentido a la lucha. ¡Bienvenidos a la plaza!

 
 

NO QUIERO HACER NADA¡ 

Sin duda más enérgico que el "preferiría no hacerlo" de Bartleby el escribiente, y seguramente con menos recorrido, pero tan provocativo como el elogio a la pereza de Paul Lafarge. La contundencia de la expresión subrayada para escoger la tela roja que hace de soporte se ve rebajada, en cierta manera, por el rosa de la tipografía: un crítico afónico.

 

Tres puntos y el hombre fuente.

Tres puntos pintados en una banderola, el signo ortográfico que indica continuidad, para el autor hace de comodín. Según sus propias palabras "dependiendo de donde este colgada (la banderola con el signo)  y de quién se la mire, querrá decir una cosa o otra". Una vez finalizada (la banderola) se busca un lugar donde colgarla y el autor protagoniza una acción que documento fotográficamente. La fotografía, censurada por el protagonista, hace visible una parábola dibujada por un hilo de agua desde la boca hasta el segundo punto pintado. El autor. de perfil, está al lado de la banderola colgada en una pared de ladrillo rojo que separa el baño femenino del  masculino, en uno de los espacios exteriores que se utiliza de recreo.

Los autores aprovechan la oportunidad que se les da pero no olvidan el contexto. El instituto es un espacio de control. Todo y las buenas intenciones, cierta gestualidad es penalizada y los alumnos, en general, lo tienen integrado. Tanto, que después de la liberación, a menudo viene el arrepentimiento, no por la acción, sino por el miedo a las consecuencias: el castigo, la abucheada, el escarnio.

 

¡YA  ME VA BIEN ¡

Por otra parte, unos buenos alumnos pero  motivados pueden responder con eficiencia o mediocridad lo que se les pida, "pero yo no cambiaría nada" - dicen. No es por conformismo, sencillamente no es mejorable.  No es que no haya queja, siempre la hay, por una cosa o por otra, no es por eso sino que el espacio de huida "se adecua perfectamente a nuestras necesidades.                                                                                                                               

En cierta manera, entonces, sí que podríamos  hablar de un cierto conformismo, o quizás de un contrato de mínimos. Algunas veces un gran esfuerzo no lleva a ningún sitio.

 

                                                                                                                Rafael G. Bianchi, comisario

 

 

La única cosa que puede con el instinto de preservación es la curiosidad. Aldo Urbano.