"Picar a la porta, entrar, sortir"

Proyecto Bòlit Mentor 2015/2016

Comisario y mentor: Jordi Mitjà

Artistas: Anna Mitjà, Azahara Cerezo, Enric Farrés Duran y Joana Llauradó Farrés

Del 6 de mayo al 5 de junio de 2016

Bòlit_LaRambla, Sala Fidel Aguilar

 
 

"Incidir en la docencia, para hacerla distinta, para abrir las posibilidades, para dar voz, para formar mejor a las personas".

 

Ir a clase no puede ser tan brutalmente descorazonador, hará falta encontrar voces que adopten la curiosidad como leitmotiv. El aburrimiento se acepta en el aula especializada en curiosidad. Hablemos de este rollo, ¿qué rollo, no? Dar voz a los curiosos, cotillear en los conocimientos, abrir la puerta, dejar entrar formas, sonidos, gestos, las humanidades, todas las artes, dejar entrar, dejarla abierta al tránsito, recorrer brutalmente los senderos que hacen y deshacen profesores y alumnos. Qué perversión tan desafortunada hay entre estas palabras, profesor y alumno. Hablar de tú a tú con respeto, no te subas, no me caen bien los profes, no hacen falta más alumnos. El alumnado es cosa de antes ahora hablaremos de chicas y chicos, ya tenemos un nombre, sus nombres. Todos a una, llamar a la puerta y entrar. Es, por tanto, como una lotería. Estos jóvenes no protestan, los que viven la experiencia que propone el Bòlit Mentor dicen que las cosas han mejorado, que en esta clase han podido decir y hacer lo que les place. Los que quedan fuera de juego -que son muchos, una mayoría- no protestan, no hace falta, no funciona. Los sistemas están encriptados por un rodaje lógico, o no. No conviene ninguna sacudida, enseñar a pensar dicen, dicen, dicen. La mayoría de instituciones son de carácter funcionarial, los profesores/funcionarios no tienen tiempo, tampoco, como ellos, como los jóvenes, todo parece ir escaso de tiempo, acortado por las circunstancias. La temporalidad de unos y de otros está enrocada. No hay tiempo para hacer experimentos. El tiempo en los institutos no es oro, parece ser una mierda de tiempo.

 

Pero a pesar de todo, pienso que la escuela es el único lugar donde se puede producir una cierta democratización del arte. La sociedad y la cultura reclaman menos funcionarios y más docentes/personas, los jóvenes quieren un tanto por ciento de sacudidas que los hagan sentir vivos, útiles, que les hagan salir de este clima a veces irrespirable. No hay peores certezas que las fundamentadas por el "no hay nada que hacer, esto es un rollo, qué palo, no me interesa, qué nos están explicando, de qué nos servirá toda esta basura". La docencia es, sobretodo, un ejercicio de humildad. Para romper con estas actitudes de asco hace falta bajar del pedestal y remar con ellos, juntos. De este remar juntos, todos nos beneficiamos. ¿Se puede hacer esto con el sistema que tenemos? Pues sí, para muestra lo que han hecho estos cuatro artistas con una temporización de encaje complejo, a contracorriente. Entrar en los institutos y formular diferentes tipos de aproximaciones al hecho artístico, formularlo por boca de unos creadores jóvenes que también pican piedra fuera de estos muros.

 

Dar golpes a la puerta y que te abran no es fácil, entrar ya es paja de otro pajar. Los que han ganado esta convocatoria no son docentes, entran al aula con un proyecto bajo el brazo y miran de ganarse la confianza con humildad, constancia y rigor. Estos desconocidos se adentran en las dinámicas de un entorno que desconocen, son novicios, sienten un extrañamiento en las formas y las dinámicas de la docencia. Esto es bueno para el proyecto, para los jóvenes, es bueno para todos. Los protagonistas del Bòlit Mentor quieren tener más control y el control se escurre.

 

Con estos horarios no haremos nada, hace falta buscar horas fuera, reescribiremos todo el proyecto, ¿cuándo quedamos para avanzar? La complicidad y la obsesión parecen aparecer en el temario. Como observador siento que algunos de estos jóvenes se dejan la piel. Hoy vuelven aquellos que nos dejan opinar, los que se atreven a revertir los roles, los que quieren fabular. Haremos de maestros, haremos de cineastas, haremos de artistas... con estos extraños, con estos intrusos, con los compañeros. El arte siempre tiene esta capacidad de trasiego, de licencia para ir más allá de las normas, para saltar.

 

Cerrar y salir del aula tampoco es una tarea fácil, cuesta deshacerse de ella, abandonar la adrenalina de este compromiso semanal. Ya está, ¿todo esto? Si habéis venido cuatro días contados, ¿y ahora qué haremos?, qué podemos hacer? La gran pregunta sin respuesta. La docencia es un reto tan inmenso, y no somos expertos. Lo repito por si ha quedado un poco oculto, la escuela es el único lugar donde se puede producir una cierta democratización del arte. Aprovechémosla!

 

Gracias a todos los implicados por posibilitar estos experimentos y que esto crezca hasta convertirse en normalidad. Que llegue el día en que no sea necesario hablar de esta relación tan lógica entre docencia y arte.

 

La tarea que propone el Bòlit Mentor reclama, desde el hacer, desde la interacción en el espacio docente, una apertura hacia la realidad y los mecanismos de los proyectos artísticos. El Bòlit Mentor nace cada año de una convocatoria pública. De esta salen tres proyectos pensados específicamente para los institutos y se desarrollan con la complicidad de los centros, el profesorado y el artista. El mentor no cuestiona las lógicas de funcionamiento de los institutos, los incorpora para dar voz al grupo, que desde un ámbito tan lejano como el arte se siente capacitado para conversar, cuestionar, pensar... este es el reto real de los proyectos.

 

Jordi Mitjà