«El mamporrero y otros síntomas  »/ «L'apuntador i altres símptomes»

Núria Güell

Comisaria: Carme Sais

Del 26 de octubre de 2019 al 9 de febrero de 2020

Inauguración, sábado 26 de octubre a las 12h

Bòlit_PouRodó y Bòlit_StNicolau 

 
 

 

 

El valor de la pureza y Obsequio de cortesía

Girona, 2019. Producción del Bòlit, Centre d'Art Contemporani. Girona y el Casal Solleric de Palma.

 

En estos dos proyectos realizados a propósito de esta exposición, Núria Güell ha llevado a cabo una investigación sobre la identidad nacional a partir de un estudio de caso que sirve de ejemplo y de metáfora: la cría del caballo de raza, en concreto del Pura Raza Española y del Burro Català.

 

A poco que nos fijemos, nos daremos cuenta de que acostumbramos a proyectar rasgos y atributos humanos sobre todo lo que nos rodea, principalmente sobre el mundo animal. Todo es susceptible de ser representado con atributos humanos. El antropomorfismo se considera una tendencia innata de la psicología humana, y si esta tendencia no estuviera tan arraigada y naturalizada, la podríamos tomar fácilmente como un síntoma de un trastorno mental de tipo paranoico: el ser humano persiguiéndose a sí mismo. 

 
 

El concepto de raza, en lo que respeta al mundo animal, solo se tiene en consideración cuando se trata de animales domésticos -o sea, humanizados-. Los animales salvajes no pertenecen a ninguna raza, y si las razas de los animales domésticos existen es porque las hemos creado nosotros sobre la base de nuestros deseos y necesidades. Aun así, se suele acompañar este concepto del adjetivo pura, pura raza X, como los caballos de Pura Raza Española, e inmediatamente este adjetivo nos traslada hacia una especie de esencia o verdad de origen. Pero ¿de dónde viene esta convención de considerar que aquello puro tiene más valor o verdad que aquello contaminado, mixto o indefinido? ¿Se trata de una herencia de origen religioso? ¿La pureza tendría, así, una relación directa con lo divino?

 

Como dice Jordi Miró[1] en uno de los vídeos que forman parte de la obra El valor de la pureza, «una raza -sea de cualquier especie, de caballos, de perros o de vacas- es solo un acuerdo entre personas»; es decir, es un tipo de pacto interesado que se establece para obtener un reconocimiento social. ¿Y sus esencias? ¿Y las identidades, ya sean de género, nacionales, o de cualquier tipo? ¿No forman parte, también, del campo semántico de la pureza y de la raza?

 

La Pura Raza Española es una creación intelectual y un proyecto político fruto del deseo de Felipe II, quien quiso crear un caballo perfecto de acuerdo con la estética de representación ecuestre del Barroco. En este caso, vemos que el método de mejora de las especies a través de los sistemas de reproducción y de genética enlaza con la historia y la historia del arte.

 

El valor de la pureza y Obsequio de cortesía son obras compuestas por elementos de distintas procedencias -como son la vagina artificial, el maniquí de extracción de semen y el semen de pura raza adquirido al Ministerio de Defensa del Estado español- que intentan abrir un debate sobre algunas convenciones culturales que se asumen como propias, como signos identitarios, como esencias.

 


[1] Veterinario y profesor de la UAB

 
 

De putas. Un ensayo sobre la masculinidad

 

Producción del MUSAC. España, 2018. Videoproyección sonora, 58'. Un proyecto comisariado por Araceli Corbo.

 

Las problemáticas de identidad sexual y los roles de género que plantea esta obra nos enfrentan a los arquetipos de masculinidad sustentados en relación con el concepto de poder y de reconocimiento social. Asimismo, nos llevan a repensar cómo estos arquetipos afectan al rol femenino. La obra principal es un vídeo que recoge los encuentros que la artista mantuvo con distintas prostitutas en el cual estas narran, en primera persona, su vivencia y percepción de la masculinidad. Por otro lado, los objetos sexuales de la prostituta Edurne, una de las protagonistas del vídeo, aportan con su consistencia material un mayor realismo a la narración videográfica.

 
 

Una película de Dios

 

Producción del MUAC. México, 2018-2019. Videoproyección sonora, 79'. Un proyecto comisariado por Alejandra Labastida.

 

En esta obra, Núria Güell confronta el imaginario católico con los abusos sexuales de la Iglesia, la condición subordinada de la mujer y las identidades sexuales derivadas de la idea de familia que ha instaurado esta cultura religiosa. La artista trabajó conjuntamente con un grupo de niñas de una casa refugio de la Ciudad de México para, a través del análisis de distintas pinturas del periodo colonial e iconografía religiosa cristiana, acabar conformando un comisariado. Posteriormente, estas interpretaciones fueron complementadas por las de una familia de proxenetas.

 
 

Núria Güell (Vidreres, 1981) es una artista que desarrolla proyectos de contenido político y que explora los aspectos más conflictivos de la sociedad contemporánea. En su práctica artística aborda los límites de la legalidad y se enfrenta a los procedimientos que siguen las instituciones que nos gobiernan. Sus trabajos muestran situaciones o hechos que plantean cuestiones morales y políticas relevantes. A lo largo de su carrera artística ha desarrollado un corpus de obra que interrelaciona los diferentes proyectos expositivos sobre los temas que le interesan: el patriarcado, los nacionalismos, el poder, el capitalismo y el sistema de privilegios del mundo del arte.

 

Núria Güell nunca se ha sentido cómoda dentro de la institución del arte e intenta preservar esta incomodidad o extrañeza reformulando continuamente el hecho artístico: ¿qué es producir arte? ¿Para qué producir arte? ¿Para qué exponer? ¿Qué puedo hacer para dignificar la práctica que me sustenta? Consciente de que a menudo el arte se utiliza para prestar apoyo simbólico y emocional a todo tipo de poder, intenta no dar respuestas, no concluir tesis, sino mostrar los conflictos que se manifiestan entre diferentes realidades. Su práctica no es una práctica contemplativa, la expresión de una contemplación ni el despliegue de una técnica, sino una práctica de confrontación, de cuestionamiento de evidencias. Esto, a menudo, implica mover piezas; comporta acción y movimiento, mover individuos -cómplices o no-, llevar a cabo trámites burocráticos; conlleva, también, que las instituciones que contratan sus servicios se impliquen y no se limiten a ser meras espectadoras. Es decir, requiere trabajar fuera del taller y fuera de la sala de exposiciones. Subvertir dispositivos, desnaturalizar; despositivizar el museo, las instituciones, la práctica artística, las relaciones de poder. Así es como se podría resumir el rol de Núria Güell como artista.

 

En 2014 Núria Güell recibió el Premio GAC-DKV (Barcelona) a la mejor artista joven en galería y el Premio RAC (Madrid) al mejor artista español en galería. En 2019 ha recibido el Premio Ciudad de Palma Antoni Gelabert de Artes Visuales.