FOOD. La utopia de la proximidad

Del 20 de febrero al 30 de mayo de 2021

Apertura, sábado 20 de febrero a las 17h

Comisariado: Harold Berg, Eudald Camps y Carme Sais

Con obras de Tina Girouard, Carol Goodden, Gordon Matta-Clark, Miralda, Fina Miralles, Antoni Muntadas, Pere Noguera, Àngels Ribé, Benet Rossell, Mar Serinyà,  Francesc Torres, Marta Vergonyós y Jaume Xifra

Con la participación de los colectivos nyamnyam y Ocells al Cap

Bòlit_PouRodó, Bòlit_LaRambla y Bòlit_StNicolau

 
 
 

FOOD

La utopía de la proximidad

 

El hilo conductor de la exposición FOOD. La utopía de la proximidad es el arte vinculado a la comida, la cocina y la experiencia colectiva que puede ser la gastronomía en relación con tres enclaves culturales del mundo occidental: París, Nueva York y Cataluña. El nexo entre el arte contemporáneo y la gastronomía entrelaza situaciones de la historia del arte distantes entre sí que acontecían, casi simultáneamente, en los años setenta. Sin embargo, hemos extendido este hilo hasta la actualidad, con el deseo de conectar con artistas de generaciones más jóvenes y del territorio gerundense que se identifican con prácticas artísticas relacionales y performáticas de cariz conceptual similares a los precedentes antes descritos.

 

El primer enclave se sitúa en el Soho de Nueva York, en torno al restaurante FOOD, creado por Gordon Matta-Clark y Carol Goodden con la colaboración de Tina Girouard (los dos primeros fueron pareja entre 1971 y 1974) y se describe a partir de fotografías, vídeos, dibujos, esculturas y documentación diversa (cartas y postales manuscritas, listas de clientes y de costes del restaurante, revistas emblemáticas como Avalanche, catálogos y monografías de la época, etc.).

 

La exposición presenta un conjunto significativo de obras de Gordon Matta-Clark (Nueva York, 1943-1978) y de Carol Goodden (Londres, 1940), realizadas separadamente o de manera conjunta, hasta tal punto que, a propósito de este segundo caso, casi me atrevería a hablar de coautoría de las obras. En este sentido, hay que destacar las performances protagonizadas por Matta-Clark que fueron fotografiadas por Goodden: Hair Play (1972) y Valley Curtain: Christo Spoof (1971). Especialmente significativa, por su relación directa con el proyecto de restaurante, es la libreta original de 28 páginas con dibujos de los utensilios que Matta-Clark diseñó para el restaurante (Notebook, 1971). También están presentes algunos testimonios de la relación sentimental entre ambos artistas, como el dibujo Carol Darling (1974), la escultura Ballentine Baby (1973), lata de bebida que Matta-Clark intervino y regaló a Goodden, y las fotografías que el artista tomó de Goodden posando frente a obras de él en la Galleriaforma de Génova (1974) o con ella bailando entre las partes intervenidas, también por Matta-Clark, en un edificio (Bronx Floors, 1971).

 

Continuando el recorrido por la exposición, encontraremos la icónica fotografía realizada por el arquitecto Richard Landry (Cecilia, Louisiana, 1938), una imagen de la fachada del restaurante FOOD, intervenida por Gordon Matta-Clark, en la que aparecen Matta-Clark, Goodden, Gaza (el perro de la pareja) y Tina Girouard (DeQuincy, Lousiana, 1946-2020), la artista, amiga y especialista en cocina cajún que se puso tras los fogones del restaurante. Asimismo, hay que destacar la presencia de la película FOOD (1972) de Gordon Matta-Clark, que recoge todo lo que sucedía en el restaurante minuto a minuto y que constituye, más allá del documental que es, una pieza artística que atestigua cómo la creación y el desarrollo de este restaurante eran entendidos por los artistas como una obra de arte en sí.

 

La segunda parte de la exposición presenta un conjunto de obra relacionada con las actividades artísticas que se llevaron a cabo, en la década de 1970, en el número 112 de Greene Street, en Nueva York. Dicho espacio se convirtió en un polo de atracción artística y creación participativa en el que se producían exposiciones, acciones, conciertos, danza contemporánea y actividades varias, en su mayoría creadas y ejecutadas de forma colectiva. Carol Goodden y Gordon Matta-Clark tuvieron un estrecho vínculo con este espacio y llevaron a cabo proyectos artísticos de danza y performance que en la exposición quedan representados por las fotografías y la filmación que Matta-Clark realizó de su acción Tree Dance (1971), las fotografías que Goodden tomó de Trisha Brown (Aberdeen, Washington, 1936 - San Antonio, Texas, 2017), con quien Goodden trabajaba como bailarina y fotógrafa, en las que Brown aparece bailando sobre un automóvil -Trisha Brown on Top of a Car (1970)- o la fotografía anónima de la acción Raindrop Dance que Carol Goodden creó y realizó en el 112 de Greene Street el 29 de junio de 1971, con la participación de muchos de los artistas vinculados a este emblemático espacio. En efecto, el 112 de Greene Street fue un nodo creativo que atraía lo más alternativo, innovador y arriesgado de la vida artística neoyorquina del momento y que también cautivó a los artistas catalanes Francesc Torres (Barcelona, 1948) y Àngels Ribé (Barcelona, 1943), establecidos por aquel entonces en Nueva York; de hecho, fue en ese mismo espacio donde expusieron algunas de las obras más emblemáticas de su «etapa americana». Por ello era indispensable incorporar a la exposición la obra Accident (1977) de Francesc Torres, una instalación de gran formato y complejidad presentada en el 112 de Greene Street. Se trata de una obra que combina la instalación escultórica, la performance y una doble proyección que sobrevuela el conjunto, con la que el artista quería transmitir su crítica a la situación sociopolítica de los setenta y su desencanto por la modernidad. En cuanto a Àngels Ribé, hay diferentes piezas representativas del momento que enlazan con las tesis de la exposición, como la instalación Can't Go Home (1977) con la que la artista desea transmitir la sensación de imposibilidad de volver atrás que se produce de forma paralela al anhelo de salir adelante, o Work is the Effort Against Resistance (1976), representada en la exposición por una fotografía de época que resume una instalación realizada en el Fine Arts Building de Chicago y que presentaba, con la imagen de la artista corriendo maquinalmente, el impulso vital que nos lleva a avanzar pese a las dificultades que encontramos en el mundo real, lejos del mundo utópico que se idealizaba en los Estados Unidos en los años setenta. De hecho, esta obra forma parte de un proyecto artístico de Àngels Ribé que dio como fruto varias piezas, algunas de ellas instalaciones que, con el mismo título, se expusieron en el 112 de Greene Street y que reflexionaban sobre el trabajo y la energía, en definitiva sobre el esfuerzo para salir adelante. Finalmente, para cerrar el apartado dedicado a este espacio, hay que destacar la investigación que sobre dicho lugar llevó a cabo la asociación cultural 112LAB en el espacio Estrany - De la Mota Art Advisors de Barcelona y que culminó con la muestra Ny112GREENEst en febrero de 2020, en la que se expusieron la pieza referida de Francesc Torres y una de las instalaciones de Àngels Ribé expuestas en Greene Street en 1976, de la serie anteriormente mencionada.

 

Siguiendo el hilo conductor de la exposición, esta incluye también obras de otros artistas catalanes establecidos en Nueva York en la misma época, Antoni Miralda (Terrassa, 1942) y Antoni Muntadas (Barcelona, 1942), que trabajaron juntos en una acción performática que tuvo la comida como protagonista y que aquí se recupera en formato de proyección de diapositivas, Sangría 228 West B'Way, realizada el 27 y 28 de octubre de 1972 en Nueva York. No puedo dejar de comentar que la coincidencia de Torres, Ribé, Muntadas y Miralda en un mismo espacio, tiempo y momento artístico ha hecho que se hablase, siempre entre líneas, del grupo «catalanes en Nueva York», aunque, según parece, ninguno de ellos ha aceptado tal denominación.

 

La presencia de Miralda en Nueva York hace de puente para relacionar la actividad artística de esta ciudad con lo que había sucedido en París de la mano del mismo artista. De hecho, los artistas catalanes más vanguardistas del momento se desplazaban a París o a Nueva York, y a veces a los dos lugares sucesivamente. Así, la exposición abre una grieta sobre el universo gastronómico y los planteamientos artísticos que formaron parte de la vanguardia parisina de los años setenta, donde se identifican las prácticas relacionales protagonizadas por los llamados «catalanes de París» (en este caso, sí que hay más consenso en la denominación de grupo): Benet Rossell (Àger, 1937 - Barcelona, 2016), Antoni Miralda, Joan Rabascall (Barcelona, 1935) y Jaume Xifra (Salt, 1934 - París, 2014). Se presenta su obra colectiva, aunque filmada por Benet Rossell, Cerimonials (1973), y como complemento las máscaras de cuatro colores básicos utilizadas en la performance ritual y el álbum del proyecto. De hecho, en la exposición no podíamos dejar de destacar el trabajo sobre arte y comida llevado a cabo por Miralda, el artista catalán por excelencia en este campo, así que hemos incluido una pequeña selección de obras del artista, como el vídeo Eat Art with Miralda (1973), de autoría compartida con la artista Dorothée Selz (París, 1946), y las litografías y el collage Salade Josephine y Ensalada Rusa, de la serie Gare d'Austerlitz (1977).

 

En resumen, la exposición pretende mostrar cómo toda esta genealogía basada en una historia del arte físicamente alejada entra en contacto con el Baix Empordà en términos culinarios, mientras que artísticamente entronca con los artistas conceptuales de Cataluña de los setenta y ochenta como Fina Miralles (Sabadell, 1950) y Pere Noguera (La Bisbal, 1941), y es por ello que los hemos invitado a participar en la muestra con diferentes obras. De Fina Miralles hemos reeditado cuatro fotografías de la serie Relacions del cos en accions quotidianes (Relaciones del cuerpo en acciones cotidianas, 1975), en las que se ve a la artista manipulando un trozo de carne y comiendo, y la instalación Fases de la lluna, l'oli i el pa (Fases de la luna, el aceite y el pan, 2018), una instalación consistente en una mesa puesta para ocho comensales que realizó con motivo de su exposición en el Museu de la Mediterrània de Torroella de Montgrí, comisariada por Mar Serinyà. En cuanto a las obras de Pere Noguera, se han seleccionado dos vídeos relacionados con la comida, entre otras obras que ha dedicado al mismo tema. Se trata de Repàs flotant (Comida flotante) de 1985, película producida por TV3 para documentar la acción navideña realizada en el paraje de Vacamorta de las Gavarras, en la que se ve a un grupo de personas compartiendo la comida de Navidad sobre una plataforma flotante de color naranja, creada por Noguera para reivindicar la conservación del espacio natural antes de su transformación en vertedero. También veremos La llum no ocupa lloc (1992), un vídeo realizado con motivo de la serie de perfomances dedicadas a Arthur Cravan y que recoge la performance llevada a cabo por Noguera, en la que prepara pan con tomate sobre un cuadrilátero de boxeo utilizando un utensilio para aplanar ladrillos antes de su cocción. De Pere Noguera también se confronta la escultura Ralador (1992), un fragmento de la obra instalación escultórica Presentação de viagem (5 estrellas radio taxi), con la escultura Ballentine Baby (1973) de Gordon Matta-Clark, ambas realizadas con latas de bebida intervenidas y esculturizadas.

 

Asimismo, hemos querido desarticular el hilo conceptual relacionado con la comida hasta nuestros días, lo cual nos ha llevado a encargar producciones específicamente creadas para esta exposición a las artistas ampurdanesas Mar Serinyà (Torroella de Montgrí, 1986) y Marta Vergonyós (Esclanyà, 1975), quienes tienen una relación personal y artística con Fina Miralles, además de líneas de trabajo comunes en torno al feminismo, la vida cotidiana y el paisaje. De Mar Serinyà hemos seleccionado la obra Pelant verdures (Pelando verduras, 2020) por la vinculación de sus líneas de investigación actuales con la comida y el aprendizaje de la cocina a través de la experiencia familiar y en relación con el territorio más inmediato. De Marta Vergonyós nos ha parecido remarcable y pertinente la videoperformance Transmissions de 2010, que con la anterior tiene en común el tema del aprendizaje de transmisión -por línea femenina- del conocimiento relativo a algunas labores tradicionalmente asumidas por las mujeres. Además, las dos artistas han respondido a la invitación de crear y producir una obra expresamente para esta exposición y el resultado es la videoperformance conjunta Taula viva (2021), realizada en el trozo de tierra que las une, familiar y emocionalmente, para generar una obra sobre el paisaje, la palabra y la memoria en torno a la nutrición y en el aprendizaje de la cocina transmitido por madres, abuelas y bisabuelas.

 

Para nutrir el programa de actividades, hemos pedido dos colaboraciones a dos colectivos artísticos del territorio para poner de relieve la vigencia del trabajo relacional y los paralelismos que se producen entre las modalidades de trabajo actuales con otras que se remontan a décadas. En primer lugar se dio carta blanca al colectivo Nyam-nyam, recientemente establecido en Mieres, que tiene como leitmotiv la comida y las acciones participativas. El resultado ha sido una propuesta que se desarrollará en diferentes restaurantes del territorio y que consistirá en gravar la descripción de los platos de los restaurantes para ser emitida por radio y en el comedor del restaurante. Por otra parte, se propuso a la artista y performer ampurdanesa Denys Blacker (Londres, 1961) la recreación de la performance Raindrop Dance, de Carol Goodden, realizada en el espacio del 112 de Greene Street 50 años atrás, en 1971. El trabajo será una recreación a cargo del colectivo Ocells al Cap, del que ella forma parte, que se articuló como grupo de trabajo fuertemente arraigado en el territorio gerundense en 2014 con motivo de la acción colectiva Bird, realizada en las Gavarras en el marco de la exposición Allan Kaprow. Otras maneras de la Fundació Antoni Tàpies.

 

Para terminar, quiero explicar que el origen de la propuesta expositiva es una doble coincidencia. Por un lado, el deseo de Carol Goodden de celebrar su octogésimo aniversario en Mont-ras (Baix Empordà) destapó su relación adolescente y de juventud con el Empordà, donde ella sitúa el origen de su pasión por la gastronomía y donde se enamoró del paisaje, en compañía de su padre. Este vínculo primigenio queda testimoniado en las deliciosas descripciones del paisaje ampurdanés y de la cocina campesina que encontramos en determinados pasajes de su autobiografía inédita, y con la fotografía que Carol Goodden tomó de Richard Nonas (Nueva York, 1936) en Cadaqués. Tal hecho singular, aunque aparentemente anecdótico, fue señalado por el coleccionista de arte Harold Berg, especialista en la obra de Gordon Matta-Clark. Además, la relación de Berg con la actividad del arte contemporáneo en general, y en concreto con el Bòlit, favoreció que sugiriera la posibilidad de realizar una exposición con una parte de su fondo a fin de explicar el remoto origen ampurdanés del mítico restaurante FOOD. La chispa del coleccionista prendió el fuego, y así comenzó a cocinarse, a fuego lento y a tres manos, al igual que sucedió con FOOD, una exposición en la que, además, quiso ponerse en relación todo este patrimonio cultural con la creación contemporánea. Así pues, coleccionismo, historia del arte y arte contemporáneo se han maridado en el Bòlit a modo de triple comisariado a cargo de la dirección del centro de arte, el coleccionista Harold Berg y el historiador del arte Eudald Camps, siendo el resultado la exposición que os presentamos: FOOD. La utopía de la proximidad.

 

Carme Sais

Directora del Bòlit, Centre d'Art Contemporani. Girona

Enero de 2021