En Construcción

Bòlit Mentor 2019/2020

Comisaria: Maria Soler

Azucena Moya, Mireia Ferrón y Ingrid Riera

Del 21 de noviembre de 2020 al 10 de enero de 2021

Bòlit_PouRodó. Espacio Hall y escaparate

 
 
 

Maria Soler, comisaria

 

«[...] el tema de la identidad se trabajará de manera transversal, como un cubo que está formado por diferentes caras pero que sin una de ellas no estaría completo». Esta fue una de les frases con la que presentábamos por primera vez la propuesta educativa En construcción. Meses antes de saber que este título adoptaría un sentido no solo metafórico, sino también literal.

 

La llegada de la COVID-19 nos sorprende en medio de las sesiones en las aulas, justo cuando acabábamos de decidir que un cuadrado sería la imagen gráfica del proyecto. Un recipiente donde todo es posible. Una superficie para llenar, un perímetro compartido.

 

Las piezas y reflexiones del alumnado se ven interrumpidas repentinamente. De golpe, paramos las ideas en torno a una imaginada exposición. Y la situación nos pide un replanteamiento. ¿Cómo enfocamos de nuevo todo el trabajo producido hasta el momento?

 

Nos reunimos de forma telemática. Como todo el mundo. Creamos un campo de trabajo a distancia. Nos convertimos en arqueólogas, recuperamos todo lo que hemos hecho con el alumnado y relacionamos conceptos, unimos metodologías. Creamos una web. Visibilizamos los procesos creativos entendidos como verdaderos protagonistas. Guardamos ideas en los cajones, en los bolsillos, en carpetas del ordenador. Y nos confortaba la idea de poder volver a los institutos tarde o temprano. Imaginábamos, dibujábamos y concebíamos una estructura móvil, un cubo itinerante, una exposición-instalación participativa para colocar en el patio de los institutos. Aterrizar como aliens en su cotidianidad y sorprenderlos otra vez.

 

Tampoco. Después del verano, el cuadrado que había adoptado una forma tridimensional desaparece de nuevo. Seguimos con hipótesis y pensamos en utilizar los ejes del cuadrado, los marcos, el espacio interno que lo conforma y el espacio externo que lo rodea. Son todos estos elementos los que dan paso a una propuesta expositiva a medio camino entre la realidad y la ficción. Os presentamos el Bòlit Mentor 2019/2020: lo que ha sido, lo que podría haber sido y lo que no será.

 
 

Azucena Momo

Instituto Josep Brugulat

 

La identidad es una construcción constante, una revisión, un reciclaje. Quiénes somos es una cuestión presente a lo largo de nuestras vidas. Durante todas las etapas reflexionamos sobre nuestra individualidad y el rol que tenemos dentro de la sociedad en la que vivimos. Pero es durante la adolescencia cuando tiene lugar el paso de niño a adulto. Cuando asumimos responsabilidades, cuando tomamos conciencia de que podemos definirnos en cómo y quién queremos ser.

 

Los alumnos y las alumnas del Instituto Brugulat de Banyoles lo tuvieron muy claro al hablar sobre identidades. Produjeron imágenes sobre una identidad plural, transgénero, conectada a la naturaleza en un sentido cambiante, cíclico y efímero; y muy relacionada con la frase de Heráclito, cuando afirmaba que no nos podemos bañar dos veces en el mismo río, ni el río será el mismo, sino cambiante a cada segundo que pasa.

 

Nuestro proceso de investigación se basó en el cuerpo como paisaje-origen para un imaginario visual. Propusimos trabajar en piezas que contuvieran técnicas de collage, poesía visual e ilustración. Pero nunca se llevaron a cabo. Quedaron como núcleo para los debates propuestos en las sesiones, como excusa para plantear un proceso de creación que nunca vio su materialización, pero que nos permitió sentir cómo el proceso toma fuerza, cuando era lo único que teníamos. Y cuando eso pasa, cuando el resultado ya no tiene importancia, entonces el aprendizaje es el único objetivo. Y eso es lo que nos queda. Un proceso, un puñado de bocetos, de ideas, de opiniones y debates, el desarrollo de un proyecto creativo, un estudio de conceptos, unas acciones que no se han llevado a cabo... y finalmente hemos podido consolidarlo dentro de un cubo in-existente que os presentamos en esta exposición. 

 
 

Mireia Ferron - Instituto Santiago Sobrequés

 

«Converso con el hombre que siempre va conmigo». Machado, A. Poema Retrato (1906).

 

Esta es la premisa de la que parte una exploración e indagación en torno al concepto identidad y las múltiples interpretaciones que le son inherentes.

 

La intimidad personal ha dejado de ser una situación estrictamente privada. Con la eclosión de las redes sociales -especialmente aquellas en que la imagen asume el papel protagonista- la exposición de nuestra cotidianidad pasa a tener un papel relevante dentro del imaginario colectivo. La constancia de documentar y exponer la realidad en presente (el aquí y ahora), la cosificación de la vida cotidiana, así como la exhibición de un perfil personal a través de un cuerpo-imagen, comportan y evidencian lo que ya en su debido momento Juhani Pallasmaa planteaba: pensamos en imágenes y después les ponemos palabras.

 

Pero ¿pensamos en imágenes? ¿O mediante la imagen creamos una realidad alrededor del yo? ¿Del deseo? ¿De la fantasía? ¿Ficcionamos?

 

El constante bombardeo de impacto visual parece que neutraliza, más que estimula, la capacidad de imaginación y creación individual y autónoma. Con la voluntad de recuperar un espacio de silencio entre la toma fotográfica, el instante y la persona que ejecuta la imagen, creamos un cuerpo de trabajo que debía pasar por un periodo íntegramente personal. El uso de cámaras analógicas y la imposibilidad de acceder a la imagen de forma inmediata determinaba una manera de mirar que se prolongaba en el tiempo y el espacio. Una continuidad inefable entre la toma y el resultado: imaginábamos la imagen.

 

Un proyecto que se ha visto interceptado por un elemento intruso y de repercusión mundial.

 

Lo que tenemos, lo que nos queda, guardamos y nos llevamos, son las herramientas con las que construir o deconstruir una determinada manera de mirar. Interrogarse sobre lo que pasa dentro de esta secuencia llamada cotidianidad. La estructura, revestimientos y paredes son obra de cada uno.

 
 

Ingrid Riera - Instituto Carles Rahola

                                   

De repente se vuelve un reto interesante prediseñar un proyecto artístico sobre la identidad, especialmente con un grupo de jóvenes que todavía no conoces. ¿Quiénes sois? ¿Qué os gusta? ¿Qué os interesa? ¿Qué necesidades tenéis? Estas son las preguntas que me cuestioné más allá del hecho de cómo acercar el arte contemporáneo al aula o cómo crear una obra conjunta. Por eso, mi proceso de creación estuvo compuesto de actividades y acciones que confluyeron en el descubrimiento de un yo colectivo e individual con las complejidades y formas de relación que se establecían. Quise generar un espacio donde el arte se planteara como una oportunidad para ellas; quise ofrecer la posibilidad de trabajar abriendo caminos donde no figurara un imposible.

 

Así como las artistas feministas buscaban crear mediante la emoción verdadera y la autobiografía, nosotras dibujamos una línea de trabajo que surgía de las inquietudes y experiencias personales de cada cual. Yo me situaba en una posición de trampolín entre ellas y la creación. La perspectiva de género inexistente («Mi madre me ha dicho que hay chicas que son unas busconas y por eso las violan»), el sistema educativo («Somos solo una nota»), los prejuicios («Llevo toda la vida sintiendo el racismo») y las redes sociales («Todo el mundo tiene como mínimo dos cuentas de Instagram») fueron temas recurrentes durante nuestras sesiones. Para mí era importante que ellas encontrasen y generaran el sentido del proyecto. Quería establecer un vínculo entre su mundo, la creación y el mundo del arte. La aparición de la COVID-19 no nos permitió concluir el proceso, pero ya habían adquirido mucho más valor las etapas por las que transitábamos que la pieza en sí.

 

Tal como afirma Erik Erikson, «el mayor obstáculo que tiene que afrontar el desarrollo de los adolescentes es el establecimiento de una identidad y nosotros estábamos allí para indagar en ello». La definición de adolescencia como clase suscitó de forma espontánea con sus intervenciones («Estoy dormida», «Esto es una mierda»); incluidas las propias censuras («No quiero enseñar el mío»). Personalmente, fue muy interesante revivir estos procesos mientras me sorprendía de los paralelismos con mi propia experiencia. «La vida es dura» o «El pavo soñador» fueron títulos que acompañaron algunas de sus creaciones. Pero si una cosa tienen clara los alumnos de cuarto de la ESO del Instituto Carles Rahola es que la identidad es algo relativo que se puede modificar a lo largo de la vida.