"Drone" 

Paco Torres Monsó

Del 3 de octubre de 2014 al 25 de enero de 2015

Bòlit_LaRambla, Sala Fidel Aguilar y Bòlit_StNicolau

 
 

Ahora el universo

Josep Maria Oliveras

Fotógrafo

 

De Torres Monsó siempre me han impresionado sus silencios. No, no me refiero a los espacios en blanco en medio de una conversación amable en su casa o a los momentos de duda y reflexión en los encuentros en su taller de Santa Eugènia. Hablo de los vacíos que nos ha impuesto su proceso creativo. Pienso en los largos periodos de gestación, ejecución y presentación de sus nuevas propuestas artísticas y del interminable tiempo de espera y de silencio hasta reencontrarnos otra vez con la mano libre del auténtico artista, el escultor callado que siempre se ha sentido mejor en los apuros y los contratiempos de su deriva creativa que anclado en un puerto seguro.

 

Este silencio buscado ha sido el único mecanismo eficaz para rehuir la exposición mediática y la voluntad de influenciar en los ámbitos artísticos y sus tribus. Esta actitud le ha permitido realizar una obra libre y desinhibida al margen de modas y corrientes, le ha permitido evolucionar plásticamente y experimentar con todo tipo de materiales y lenguajes. Esta forma de ser, tal y como indica el escritor Lluís Muntada, "habrá sido la justificación de una vocación sincera, que necesitaba expandirse hacia dentro, vivir en el gozo del artista y ser devuelta al espacio público en forma de belleza agradecida y feliz".

 

En una época en la que el silencio es un bien caro y escaso y un ejercicio difícil de mantener, toman más sentido que nunca las palabras del poeta Joan Vinyoli cuando en su poema Runa ("Escombros") habla del ingente trabajo para construir "una pared de casa humilde" que se agrieta y se derrumba "poco a poco con sordo, / pesado estrépito". A la manera del poeta, Torres Monsó también ha sabido crear un mundo particular y silente. Con esfuerzo, a menudo a partir de los escombros de sus propias obras, Torres Monsó también construye una obra nueva a partir de los cimientos de la última. "Noche tras noche, / pacientemente recojo los escombros / y nuevamente edifico."

 

Todo silencio es energía, y Torres Monsó lo ha sabido aprovechar. Como si se tratara de un corredor de fondo, a lo largo de más de 70 años ha ido abriendo distintas vías de investigación al margen de las modas y las exigencias del mercado, ha transitado en solitario de la piedra madre al hierro, del plomo a los polímeros y a los píxeles sin estridencia alguna, con la naturalidad de quien tiene un encargo que hacer y se siente responsable de ello.

 

En esta nueva propuesta que hoy nos presenta, Torres Monsó decide auscultar el universo. Ahora su interés ya no queda centrado en el origen y la evolución de las galaxias, los agujeros negros, las estrellas de neutrones o la estructura del cosmos, ahora le interesa una mirada única y singular sobre la llamada materia oscura y el ojo que todo lo controla.

 

Como era previsible, y una vez más, en la obra de Torres Monsó nada es lo que parece. En esta ocasión su silencio no deja de ser un gran clamor, un grito de alerta que nos llama a capítulo para no dar la espalda a las trampas y servidumbres que depara el despliegue tecnológico actual, un nuevo aviso para encarar conscientemente nuestro propio destino, puesto que, como aseguran los científicos, serán la ciencia y la tecnología las que nos marcarán este destino.

 

En uno de los encuentros preparatorios para producir y realizar esta exposición, Torres Monsó aseguraba que Drone será su último trabajo, su testamento artístico. Sinceramente, yo creo que su legado ya va mucho más lejos del catálogo razonado de su obra. En su legado, mucho mayor que la obra personal que haya podido crear, encontramos también el compromiso vital de un hombre libre, la confluencia del trabajo artístico y artesanal con una fuerte carga moral, la huella de un artista sincero comprometido con los suyos y con su propio tiempo.

 

Probablemente, no es por azar, pues, que, al presentarle las primeras pruebas del vídeo que configura la pieza principal de la exposición, el autor me pidiera que no incorporara ninguna pista de audio: lo quería sin sonido, mudo. Nada podía perturbar la experiencia de adentrarse en la profundidad de la oscuridad, en la inmensidad del aire. Nada habría entorpecido la marcha del espectador en este viaje insospechado, ningún marco podía envolver el paisaje interior para hacerlo más amable, más digerible.

 

Y como si nada, de golpe y porrazo, Torres Monsó nos instala nuevamente en el silencio.

 
 

Más información

llibret-drone-esp.pdf (3.240,89 KB)